miércoles, 9 de octubre de 2013

(Al verle)


Le evitaba.

Porque sin importar
el lugar de la cita,
siempre se daban
placer y daño,
y la cosa terminaba
 primero por las nubes,
después en el aire,
y al final en tierra.

A veces su cuerpo
caía por sí mismo.
Otras era necesario
tener paciencia.
Y enrollar la cuerda
atada al tobillo,
como globo unido
a otro globo grande
que regresa.

Daba igual.
Si aterrizaba suave
o tocaba
suelo de emergencia.
No podía evitar
encontrarle de nuevo,
desdeñoso irresistible fortuito.

Por eso al verle
aspiraba hondo.

Acortaba los pasos.

Levitaba.

6 comentarios:

  1. Sabés que me hace pensar justo en mis últimas reflexiones sobre el albatros y su incapacidad para aterrizar (de hecho estoy pensando en tatuármelo)... Algunos seres nos acostumbramos a flotar...

    Saludos

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  2. ¿Qué tan bueno o malo puede ser?, quizás solo sentir que lo que se hace es con seguridad.

    Un saludo José

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  3. Me encanta el poema y su ritmo.

    Toca tierra y escribe mas. Te haces desear. Besos.

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  4. La realidad se impone siempre pero siempre uno le hace frente y la despista. Pero siempre se impone.

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