domingo, 12 de septiembre de 2010

(Haiku del soñador)


Ellos decían:
"no sueñes más, ¡trabaja!"
Y él se durmió.

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viernes, 10 de septiembre de 2010

(Haiku del beso viejo)


Labios cansados
de recorrer la costa
de tus silencios.

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miércoles, 8 de septiembre de 2010

(Septiembre - Octubre)


No nos queda gasolina/para Septiembre.
Lo sabes.

Se te están poniendo/los mofletes de niño.
Los surcos ojos/ resignados de abuelo.

Trabajas cada día/en un lugar distinto.
Recuerda mañana/cumple años tu padre.

Si no quieres tropezar/arréglate el pelo.

Yo te puedo prestar/mis tijeras de plata.

Tu madre abre el grifo/rellena el vaso.
Llámame a este número/cuando termine.

No nos queda tiempo/para despertar.
Tú has de seguir/construyendo el sueño.

En la maleta dispones/ de lo necesario.
No olvides cambiar/la pila a los relojes…

Octubre se aproxima/inexorablemente.
Y tú eres el único/propietario de Alaska.



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lunes, 6 de septiembre de 2010

(Haiku del estudiante)

                                                                                                                                                               
Los libros siempre han sido para mi un tesoro: de refugio a santuario he pasado con ellos por todos los estadios. Por eso en parte me duelen las líneas más abajo, pues los libros siempre abren puertas y mentes. Claro está no es lo mismo devoción que obligación. 

En el rincón de la defensa sumaremos que gracias a la inundación que estoy sufriendo de leyes, técnicas, sistemas y demás me he iniciado en el haiku. Con el poco tiempo que tengo para escribir su reducido tamaño y fuerza expresiva se antojan ideales...pero sinceramente, espero no dar lugar a muchos como el que sigue:
 
Libros paredes
sus hojas sin ventanas
tapian mi vida.

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jueves, 2 de septiembre de 2010

(Deuda Afortunada)


Mario tú y yo lo sabíamos,
tres, dos o uno y suerte
rodando siempre a tumbos
                   y trompicones,
serpenteando traviesa entre los números
y amenazando a cada giro detenerse.
   
Ay, la suerte, Mario, esa exiliada,
que de tanto en cuanto nos acecha,
quien pudiese  hacerla patria o
segundo domicilio,
para esporádicamente residirla,
en vez de sentir
cuando abrimos su puerta
la inquietud sin documentos
                            del ocupa.
Ella, como tú, no tiene tierra
propia bajo los pies, y en los bolsillos,
sólo añoranza, todo recuerdo
y una maltrecha nación
de papel y de palabras.

Ay Mario tú, que tanto viajaste,
que el oblongo mundo viste
desde tantos ángulos,
que te pinchaste con ellos
y derramaron tu sangre,
¿qué conoces de la suerte?
¡Ay! ¡esa exaltada!
que se insinúa a la vuelta
de las esquinas
y que al torcerlas se viste
de promiscua nada.

Ay Mario yo sé
que te debo tanto,
un Himalaya nevado de
papel y de letras impagadas,
una vida nocturna de dioptrías
y ojos llorosos y
libretas emborronadas…
Y a pesar de saberme
hombre cumplidor,
en la medida en que eso
hoy ya no se estila,
esta deuda que sé,
ésta sí, afortunada,
no aspiro en esta vida
de dolores e infortunios
ni en la vida futura a
poder saldarla. 


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