martes, 24 de agosto de 2010

(Alumbrando)


Mis letras se buscan,
palpando en la oscuridad
intuyen la cercanía
de otras letras,
y cuando a tientas, por fin,
consiguen el contacto,
se abrazan y esperan
muy juntas y quietas,
calladas en el fondo
de mi cabeza.

Las palabras, islotes,
en mitad de mi vida,
son píldoras que tomo
para la cefalea,
un ejercito de barquitos
                     granulados,
que inician el conflicto
de la creación,
la efervescencia.
Y cuando todo acaba
ya no hay naufragios,
ni más buzones
llenos de botellas,
sino puentes-versos
entre palabras,
y poemas construyendo
la nueva tierra.

Ese mundo-poema
que va saliendo,
desde dentro de mi
hacia la galaxia,
suele quedarse
perdido en la nada,
la eterna inmensidad
de mis cuadernos.
Allí yo lo observo
como un dios en potencia,
lo veo recorrer
las eras, las edades,
pero fuera de mi
¿ese mundo existe?
¿o no es más que un conjunto
de signos gramaticales?

Con afán paritorio
o quizá egocéntrico,
pretendo liberar
a mis poemas,
que el sol de la luz
de unos nuevos ojos
sea la medida 
de su existencia.
Los iré soltando aquí
en la blogosfera,
este extraño cartelón
de soledades,
con la esperanza de
que no sólo los lean,
arañas eruditas
sino personas,
que en su lectura
los reconozcan y
en el transcurso les brinden,
lo que yo no les puedo dar.
Vida más allá 
de las letras...

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