miércoles, 16 de marzo de 2011

(Ciclo)


Y bajo el asfalto
las grietas siguen
su recto avance.
Piedra arriba, calle arriba,
arriba por el ascensor,
subiendo por las piernas,
se agrietan bajo los ojos
y suben al cielo.
Las nubes también
se llenan de grietas.
El sol se rompe igual
que todas las bombillas.
Las máquinas de asfaltar
trabajan en la noche
para dejarlo todo
como estaba.
La gente olvida rápido
el dolor
del hueco insondable.
Y debajo allí de toda la pintura,
revolviéndose entre el corazón
y el intestino delgado,
las grietas nacen de nuevo
como una flor subterránea.
Y siguen inexorables
su escalada en busca
de un sol que rompernos.
En busca de un fruto
más allá de la tierra
que las renueve.
Que las llene por fin
de materia
que no se desbarate.



jueves, 10 de marzo de 2011

(La Paleta)


El blanco y el negro
ya no existen.
Estoy hablando de colores,
disculpen,
estoy hablando de moda.
El blanco ya no es blanco
prístino y luminoso,
el blanco ya no es lo que era;
ahora es palo blanco y
blanco roto.
El negro siempre ha sido
un color muy elegante
para la ropa.
Pero un señor que se precie
en sociedad debería
vestir de gris.
Decir que el tono
de su chaqueta es
blanco purísima o
blanco nieve,
blanco nuclear ya dependería
del bando, en definitiva,
el caso es evitar llevar
el blanco de las críticas.
Para ello las directrices
son muy claras:
el de enfrente vende negro
humo viste negro
cuervo duerme negro
profundo pero mal.
El contrario lo mismo
pero a la inversa.
Y mientras tanto todos
vistiendo de gris,
gris perlado, gris lluvia,
gris marengo y antracita,
gris ventanita de Windows,
gris del cielo de Madrid,
el gris de la acera no,
que no la pisan, mejor,
el audi gris.
Este es el juego
de la paleta de colores,
donde los modistos
se copian y entrecruzan,
y  nosotros desfilando
por la calle entre mortales
niveles de humo y
saturación.
Gristemente…



jueves, 3 de marzo de 2011

(Nubes)


Las nubes pasan rápido,
como alma de aire
que lleva el diablo.
Despiertan, de repente,
de su mal de altura
en el que viven,
adormecidas,
y al hacerse mundanas
se ve que les afecta,
el mal de las prisas
que sufre el suelo.
Acumuladas,
nimbadas,
cirróticas,
barren el piso
con su escoba irreal
y equidistante,
dispersan a los transeúntes
y a los que no se les llena
la boca de nube
y echan a volar,
como globos…

En su premura no atienden,
a semáforos o a casas
de juguete o ladrillo,
ves pasar su desfile
de majorettes
inexorables,
silenciosas y solemnes
como si de una procesión
se tratara.
En el sótano
se oyen murmullos
y rezos apresurados.
Otros miran atónitos
el suceso entre cortinas,
el aliento contenido
a ver si pasa rápido
la comitiva.
Imploran cruzados
los dedos mentales
que se suspenda el evento
y se disgreguen,
y vuelvan,
las nubes a su manso discurrir
en las alturas. No hay suerte.
El cielo se llena de vacas
y efímeros supermanes.
Como en una avalancha de fans
del viento acelerado,
se amontonan las nubes
en una espiral imparable.
Corren y al mismo tiempo
aúllan como lobos grises.
Nadie queda en las calles
que testifique.
Nadie en el cielo.
Ninguna quiere perderse
el huracán.   



viernes, 25 de febrero de 2011

(Remover)


Me cuesta remover el café
cuando se llena de socavones.
Un terrón tras otro de ausencia
de alquitrán que pisar
y beber, y beber,
y después tragar.
No sirve de nada cambiar
al descafeinado y cuidarte
de usar sacarina.
La ciudad se mete en todas
mis bebidas negras sin importar
el color y las llena de huecos,
burbujas frías o calientes
que explotan camino
de mi estómago.
Yo puedo ser más
o menos consciente
de que ingiero toneladas
de ausencia al vacío.
Puedo notar más o menos
su acción
en la cabeza y el pecho.
Pero saberlo o no
quererlo saber
no cambia el trombo
de nadas que sigue
horadando mis venas.
Que va conquistándome en tazas
y vasos a niveles celulares.
Hasta verme como ahora
asiendo nada,
amando nada sin ver
lo que acampa en mis narices,
de nada agradecido
y sin poder

creer en nada.
Nada sale por mi boca
no obstante y a pesar
                           de todo,
de tanto engullir la ciudad
me ha asimilado.
En la masa que no dice más
que ponme otra taza más
de ese negro café,
sírveme otra copa más
de ese licor de olvido
con doble de mentiras.
Déjame una cuchara,
por favor, una pajita
o sin más con el dedo

me vale...
Para remover.




(No me podía resistir a poner esta imagen. Quiero una taza de esas)

martes, 22 de febrero de 2011

(Cosmética)


El aluminio vetea en tu piel
con cuidado.
Te lavas el cuerpo, frotas,
con gel de sangre.
No ingieres nada que incite
a pensar en tierra,
agua o animales.
Los zapatos te quedan preciosos.
Acabarás ahogado
en el carmín
que con tanto ahínco
besas,
en los ungüentos que aplicas
y extiendes con fe,
desde los pies
a la cara.
Preguntándote la causa
inútil
de tanto sufrimiento.